Mariana Lang
Artista visual
Reset, instalación site specific


Esta obra suspendida, de dos metros de diámetro, habita el interior de una cisterna como un organismo silencioso que respira en relación con el agua, aun en su ausencia visible. Su forma circular sugiere un ciclo, una órbita, un sistema en constante transformación. No es un objeto cerrado: es una trama viva, leve, en expansión, sostenida por tensiones mínimas que recuerdan el equilibrio inestable de lo natural.
Las piezas que la componen nacen de la silueta de una vértebra. Repetidas, dobladas y liberadas de su función anatómica, estas formas dejan de ser estructura rígida para convertirse en fragmentos orgánicos, casi acuáticos. La referencia al cuerpo no es literal sino esencial: la columna como eje vital, como sostén, como canal de energía. Al multiplicarse, estas vértebras se transforman en una suerte de flora blanda, un sistema flotante que remite tanto a lo biológico como a lo primigenio.
La elección de la goma eva introduce una materialidad liviana y humilde, casi doméstica, que contrasta con la potencia simbólica del espacio que habita. En su fragilidad se reconoce una afinidad con el agua: ambas son presencias que se adaptan, que se pliegan, que no imponen resistencia sino que se dejan atravesar por el entorno. Las formas, suspendidas y levemente curvadas, evocan organismos marinos, restos, semillas o pequeñas membranas en deriva.
La luz proyecta sombras móviles que completan la obra. En el fondo de la cisterna aparece otra dimensión: un dibujo efímero que se desarma y recompone con cada desplazamiento del aire. Allí, la pieza se duplica y se vuelve inasible, como si el agua imaginaria la estuviera reflejando o absorbiendo.
Instalada en un espacio destinado a contener y resguardar agua, la obra se vincula con su carga simbólica: el origen, la memoria, la reserva de vida. La estructura circular sugiere un cuerpo colectivo, una columna vertebral expandida que ya no pertenece a un solo organismo sino a un sistema mayor. Cada forma es un fragmento, pero juntas construyen una presencia continua, suspendida entre lo corporal y lo acuático.
La escultura no representa el agua; intenta aproximarse a su lógica. Flotar, desplazarse, sostenerse en equilibrio, generar reflejos y vibraciones. En ese gesto, el interior de la cisterna deja de ser solo contenedor para convertirse en un espacio de resonancia, donde materia, luz y sombra construyen una experiencia silenciosa y envolvente.
Museo del Agua. Palacio de las aguas corrientes, 2026.